sábado, 30 de noviembre de 2013

Desafío D30: #30: Los juegos de rol deberían...

... ser una afición como cualquier otra.

Yo sigo teniendo cierto reparo a hablar de ella en según qué círculos. Por ejemplo, pocos compañeros de trabajo o amigos fuera del frikismo saben que juego a rol desde hace tanto, o que he publicado cosas o así.
Mi abuela se ponía nerviosa con solo mencionar a la guardia civil, o cuando se hablaba de política en casa. Lo mío no llega a tanto, pero la época del crimen de Madrid me dejó un fondo ponzoñoso que no me gusta que se remueva, y mucha gente sigue con el topicazo a flor de piel tan pronto hablas de los juegos de rol (he visto camisetas hace relativamente poco con "Juego a Rol y no he matado a nadie... todavía" que flaco favor hacen).

Con "como cualquier otra" quiero decir exactamente eso. Porque me toca los machos que un tipo que se viste todos los días con el chándal del madrid y que sabría responder sin dudar cuál fue el pichichi de 1985 o cuántas ligas tiene el atlético me llame friki por haberme leído varias veces El Señor de los Anillos (¿varias veces el mismo libro? Tú eres un raro) máxime cuando él no es capaz ni de acabarse el Marca; o porque mi hija lleve una camiseta de "Humano Nivel 0, Carisma 18" cuando el a los suyos los disfraza de futbolista todos los días para ir al colegio.

Los mmorpg y otros rpg en formato videojuego han hecho mucho por normalizar la visión que tiene la gente de los juegos de rol, pero creo que aquella mala prensa debido a la falta de criterio, profesionalidad, maldad o simple hijoputez de algunos (quién no recordará al pobre diablo Rafael Torres y su muy bien contrastado y escrito artículo Una necrosis similar de 1994) sigue todavía ahí.
Me encantan las iniciativas como la de usarlos en clase de secundaria o como alternativa al ocio digital en asociaciones de barrio, cosas que desmienten todo lo negativo que se les achacó; porque sí: los juegos de rol me parecen, a la par que deportes tan completos como el judo y la natación, la mejor afición no deportiva (strictu sensu) que un niño o un adolescente puedan tener. Y una de las más sanas que pueda tener un adulto (mucho mejor que agarrar una borrachera semanal con el orgullo subsiguiente de haberla agarrado, o la de discutir y partirse la cara con otro adulto por ver quién ha elegido a los 11 que mejor juegan a fútbol).

Decía Chesterton y parafraseaba Neil Gaiman (y yo los parafraseo a ambos) que "los cuentos de hadas son ciertos; no porque digan a los niños que los dragones o las brujas existen, sino porque les dicen que pueden ser derrotados".

Mi afición lo pone en práctica.