lunes, 2 de noviembre de 2015

Tarde, mal y a rastro... D30!

Otro año más, de manera heterodoxa, saltándome las reglas de Kano (no tuve acceso real a internet en todo el fin de semana) y con posibilidades de ganarme una bronca y su enemistad.


Pregunta 1: No recuerdo ninguna situación que me provocara algo así. El problema es que a veces soy yo el que provoca esas sensaciones en los demás jugadores. Busco en los entresijos de sus trasfondos (o carencia de ellos), en sus artefactos, sus motivaciones y demás para que ellos lleguen a esas pequeñas epifanías. Si hablamos a nivel se sistemas de juego y demás, pues haber leído cosas de Robin D. Laws, John Wick,Vincent Baker o John Harper me han hecho replantearme cosas como diseñador de juegos y como narrador.

Pregunta 2: En una esquina, extramuros de la villa de Highdell, al final del camino a un farallón sobre las rompientes del mar hay un pequeño edificio rectangular de planta baja. Es de mampostería oscura, y tiene una techumbre que es una mezcla de tablas, paja, hierba, cuerda y piedras que actúan como pesos para que todo ese entramado no salga volando a la primera tormenta que sale de ese peligroso mar. Tiene algo así como una entrada en uno de los lados cortos, cubierta con una pesada tela hecha de piel de varias criaturas cosida, reparcheada y reforzada mil veces. Siendo los muros tan gruesos poca cabida tiene el edificio, con capacidad para unas siete u ocho personas apretadas. Dentro siempre hay dos cosas: un pequeño altar al fondo y un viejo ciego harapiento que casi nunca habla y descalzo sentado a sus pies. Sobre el altar hay una estatuílla de un ser antropomorfo y un platillo de madera gastado. De alguna forma la estatua parece que ha sido pulida durante años de mareas submarinas, o por siglos a los vientos de la intemperie. Y ese es el problema; desde que se encontró en la playa bajo el farallón no se sabe si es un dios del mar o de la tierra. Así que alguien, hace muchos, muchos años (quizás el viejo ciego que casi nunca habla) levantó este "templo" entre el mar y la tierra.
La gente no tiene ni idea de porqué, pero todas las compañías de aventureros, mercenarios o cualquiera que tenga en mente una empresa peligrosa va allí descalzo, armado como si fuera al combate y con una copa de agua de mar. El ritual implica entrar en el templo, echar el agua sobre el ídolo y luego soplar sobre él. Posteriormente se deja una ofrenda sobre el plato, acorde con la petición al dios. 
El dinero desaparece, y el viejo parece que no se mueve ni compra ropas nuevas, así que no se sabe muy bien si la cosa es un engaño o si realmente funciona. Lo que sí se sabe es que la mayoría de los que cumple el ritual, de alguna manera ha sobrevivido a una muerte certera tras haberlo hecho.