domingo, 1 de diciembre de 2013

Night City, Noviembre 2020

El área de pediatría del hospital GSU de Night City estaba arrasada. Ninguno de los tres podía todavía asimilar lo que había ocurrido.
Kevin salió del hospital de último y se encontró con Blackwood y Kirby abajo; habían logrado salir confundiéndose entre la gente que evacuaba la planta. Miraron alrededor, y luego arriba. La esquina noreste del hospital estaba ocupada por la NCPD y se podía ver el boquete que el AV4 negro había abierto con su cañón multitubo acoplado. El AV había escapado hacia el sur, y los screamsheets comentaron que había aparecido  en el medio de la Zona de Combate inutilizado por una granada.
Los tres se miraron y sopesaron los motivos por los que estaban ahí. 
Kevin, un netrunner en paro, hijo exiliado de nómadas, buscaba algún tipo de redención. La familia, a la que no veía en persona desde hacía años, era muy importante para él.
Blackwood, un arreglador bastante mujeriego que buscaba la forma de hacer pasta, pasta, pasta; era uno de los rr.pp. del club de música heavy Metal Storm.
Kirby, un desfigurado mercenario con un pasado oscuro, pero relacionado con la protección de camellos que pasaban un material... "especial".
Ese material, más bien uno de los n'runners que había estado generándolo, resultó ser su nexo de unión. El hacker Lance-a-little, un friki de la leyenda artúrica bastante hortera había estado fardando de pasta con varios colegas. Estaban moviendo un material informático nuevo, algo nunca visto. 
Murió conectado a un cibermódem, o así lo encontraron los tres de los que llevamos rato hablando. No se conocían, pero el hecho de encontrarse fortuitamente en un piso de La Zona, con su contacto en muerte cerebral conectado a la Red y ser acribillados por francotiradores parece que no, pero une.
En los dos días que habían pasado descubrieron que ese material valía pasta gansa: un método para que las experiencias online fueran tan o más intensas que las físicas del mundo real. Pero había algo más. Algo extraño. 
Había gente interesada, claro, gente que rondaba. Blackwood descubrió que entre lo que guardaba Lance-a-little en sus chips de datos estaban fotos de muchos niños y adolescentes, como un dossier... entre ellos su hermana gemela, a la que hacía años que no veía. Era curioso, alguien en el Metal Storm le había dicho que su hermana había vuelto a la ciudad, y ahora veía una foto suya de adolescente.
El Metal Storm. Gente rara entrando y saliendo, "material" extraño trapicheado aquí y allá. Blackwood se pidió un par de días mientras, entre los tres, se pillaban un piso de 30 metros cuadrados en Chinatown: lo usarían como base de operaciones si Kevin era capaz de clonar el programa de Lance-a-little  y venderlo en la calle.
Lo que estaba claro era que alguien iba tras ese material, o tras algo. Que intentaran capturar a Kevin (que se había colado en un edificio de apartamentos de Marina Norte para conectarse online, pero fue detectado), y que llegara Kirby arrasando para salvarlo, con ayuda de Blackwood, había sido una gran pista.

Pero el círculo se cerró cuando Blackwood había encontrado que su hermana trabajaba en el GSU, uno de los hospitales del centro y, buscándola, encontraron que en pediatría la policía custodiaba a un niño que había sido rescatado en algún tipo de operación importante. Y lo relacionaron con todos los datos que tenían entre manos.
El problema es que alguien más lo hizo. Mercenarios de negro entraron y atacaron a la policía, debiendo actuar (más por defensa propia) tanto Kirby como Blakwood. Al final llegó el AV negro que arrasó la esquina. Alguien tenía claro que ese chavalín no debía sobrevivir (y no lo hizo). Y, después de la munición de 20mm que habían dejado allí, dejaban claras sus intenciones.
Se miraron, miraron arriba, y el móvil de Blackwood sonó: era Lucy, camarera del Metal Storm. Estaba en shock, llorando y aterrada... El club había estallado con un montón de gente dentro.


(Resumen conscientemente confuso de las tres partidas de la nueva campaña de Cyberpunk 2020 que tenemos entre manos)