domingo, 3 de abril de 2011

La Importancia de Llamarse Ernesto.

Ernest Gary Gygax, para ser exactos.
Este señor, junto con Dave Arneson, fue quien comercializó el primer juego de rol. 

En mi caso llegué un poco más tarde, pero inventé los juegos de rol después de encontrar los libro juegos de Lucha-Ficción, aquéllos de Jackson y Livingston de tapa naranja.
Comencé mi andaina como Máster al caerme en las manos El Hechicero de la Montaña de Fuego. Por aquel entonces tenía dos amigos con los que solía jugar en el barrio, pero que eran 3 ó 4 años menores que yo.
Yo contaba con unos 10 años y, comenzando a encontrar aburrido jugar con juguetes y siendo los días de sol pocos en Compostela como para jugar con asiduidad al balón, procedí a bajar el libro y leerlo en voz alta mientras ellos, atentos, elegían a qué página pasábamos. En caso de combate, uno tiraba un dado, el otro, otro; y yo tiraba los de los monstruos. Si eso no es rol, jugar un módulo públicado del Dungeons tampoco lo es.
Compré varios libros más hasta completar una buena biblioteca, pero el encorsetamiento provocó que creara mi primer sistema de juego, basado en el Lucha-Ficción, al que añadí una caja (de palmeras de chocolate Martínez dada la vuelta) y varias cartulinas con dibujos de Héroes y Monstruos y un mapa hecho con cartulina de 25 pesetas cuadriculada por mí mismo y con dibujos de ciudades, pueblos, bosques y cuevas. Se llamaba La Espada de las Gemas Mágicas.
La premisa era simple: había que recorrer el mapa buscando 7 gemas. Los jugadores (hasta 6, que acabamos liando a colegas de los alrededores) podían ir por libre o hacer equipos. Una vez reunidas al menos 4  gemas podías ir en busca de la Espada, y engarzar las gemas en ella. Cuantas más gemas mejor, y al final valdría para matar al Demonio que asolaba el Reino del Norte. Qué partidazas a este juego, sin saber que había encontrado la afición que definiría gan parte de mi forma de ser y entender el ocio para el resto de mi vida.

Tiempo después (unos 4 ó 5 años) fue cuando me enteré que el rollo este de los RPG ya estaba más que inventado y, por no complicarme la vida, me compré el MERP en la librería Kómic de Compostela. Creo que fueron las 1995 pesetas mejor invertidas de mi vida.