lunes, 3 de agosto de 2015

Algo está podrido #4: Vigilancia y Allanamiento

Chancellor paró su destartalada furgoneta ante el pub. Barnie's. Irlandés. Y lleno de polacos y rusos. Tiene tela.

Sabían que Sarosta frecuentaba ese lugar, y los tres iban en la furgoneta del bedel; vehículo desordenado, con rascaduras, pero cuyo motor ronroneaba como un gatito. Aguardaban.
Nicoleya había hablado con la niña; lo había pasado muy mal. Kuro la había examinado y, efectivamente, existían indicios de abuso sexual. Chancellor habló con ellos y les preguntó si querían hacer algo al respecto. Ellos se miraron y asintieron. Se separaron esa noche y se citaron lpara la noche siguiente, después de presentarse a sus trabajos y demás.

El agente MacAllan les consiguió la dirección de Sarosta, y echaron un vistazo a la casa. Típica casa unifamiliar con su césped y demás. Nada de alarmas ni cosas que saltaran a la vista.
Luego en Barnie's le pusieron cara al nombre. Hablaba con dos rusos de aspecto duro. Chancellor, que recordaba algunos términos, pensó que podían ser dos boyeviks de algún avtorytet. Le pasaban una nota a Sarosta, que protestaba y gritaba en susurros mirando nervioso alrededor de la mesa que compartía con ellos y otro ruso flaco y desgarbado. La conversación terminó abruptamente, pero los dos tipos duros ni se inmutaron. Sarosta salió del pub, encendió un cigarro y se largó con el chaval flaco.
Chuck había conseguido escuchar algo sobre un nuevo cargamento, Sarosta protestando como queriendo dejarlo... Mezclaba gran parte de ruso con algo de inglés, y era muy difícil seguirlos.

Al salir decidieron esperar y entrar en su casa a la noche siguiente. Fueron Chancellor y Chuck. La casa no tenía nada de especial, y entraron con facilidad. Sarosta dormía en el sofá ante una tele que emitía ruido blanco. Arriba dormían una anciana, una mujer y on par de críos en tres habitaciones. La casa era de clase media-baja, sin grandes excentricidades. Despertaron a Sarosta y le dieron un buen susto... Chuck llevaba su bandana de calavera, y Chancellor un revólver del 45. Suficiente.
Sarosta fue duro, pero acabó soltando que esa misma noche llegaba un cargamento al puerto. Tenía una libreta con datos apuntados, de la cual sacaron información. Chuck se despidió del estibador con el índice en los labios, shhhhh. Y, como entraron, desparecieron.

Usaron el carnet del puerto de Sarosta para hacer una falsificación de calidad pésima, pero lo suficientemente decente como para que el adormecido vigilante de las 3am de la entrada sur del puerto no se fijara demasiado.
Buscaron por el laberinto de contenedores con la furgoneta ronroneando en las curvas que trazaban lentamente, buscando números de entrada y precintos en la libreta de Sarosta.