lunes, 19 de diciembre de 2011

Montaraces del Norte XIII

Bosque de los Troll, Invierno 2893 T.E.

Boron Alqualosse corría con su hijo de dos años apretado contra el pecho sobre el mantillo escarchado de la linde noroeste del Bosque de los Trolls. Las piernas casi le estallaban y los pulmones le ardían de dolor entre la falta de aire y la gelidez del mismo.

A su lado corrían otros tres hombres y dos mujeres, todos Montaraces del Norte. Tenían a sus espaldas trasgos y al menos un troll. Una de las mujeres estaba herida. 
Dos de los montaraces, Húrin y Marach, se giraron y plantaron cara al enemigo, permitiendo que Boron pudiera escapar con su hijo. Llegaron los trasgos, y los movimientos gráciles de los dúnedain acabaron con varios de ellos. Luego llegó el troll. El tercer montaraz, Túrin, se giró con su arco y dio apoyo a sus compañeros.

Boron y las dos mujeres se alejaban a través de las colinas. A pocos cientos de metros encontraron una choza de cazadores. Iba muy adelantado a ellas, y entró en la caseta empujando la puerta con fuerza. Bajó a su hijo de sus brazos y le dijo que se estuviera quieto. El niño no parecía entender qué sucedía.

Túrin , Húrin y Marach exterminaban orcos y se enfrentaban con sus armas al terrible troll que, ataque tras ataque, no mostraba signo de que las heridas le hicieran mella. En una de las oportunidades que tuvo lanzó un garrotazo contra Húrin, que cayó con una brazo herido. Incluso desde el suelo el montaraz contraatacó. Fue el ataque combinado de los tres lo que hizo caer al troll, que murió dejando heridos a todos ellos.

Boron miró por una ventana: las dos muchachas, valientes, llegaban a la choza renqueando. Fue entonces cuando una sobra cayó sobre ellas, un monstruo horrible cubierto de pelo grisáceo, con grandes garras y grandes fauces. Las mujeres murieron en el acto.
Boron cogió a su hijo y buscó un lugar donde esconderlo. En una de las esquinas había una trampilla que se confundía con el suelo de madera. Comunicaba con un pozo estrecho a pocos metros de profundidad. Boron cogió a su hijo: "Vamos a jugar al escondite" dijo, "Cuando vengan los demás te avisaré y saldrás a asustarlos, ¿Vales? ¡Mientras tanto quédate muy quieto y callado!". Colocó a sus hijo en el cubo y lo descolgó por el pozo, cerrando la trampilla. 

La criatura estaba fuera, hablando con varios trasgos. Envió a éstos al Bosque, mientras se acercaba a la cabaña. Al asomarse al interior, el montaraz atacó con sus espadas, fallando por poco. El combate se trasladó al exterior, donde la sucesión e intercambio de golpes fue frenética. El licántropo reía, burlándose de Boron. "Tu Destino te persigue, y al fin ha dado contigo, Alqualosse", decía, "Hoy tu estirpe se acaba".

Justo cuando los tres montaraces llegaban a ver la cabaña, vieron al licántropo degollando a Boron. Éste tuvo tiempo de coger su daga élfica y atravesar el pecho de la criatura. Viéndose herido y con enemigos furiosos cerca, el licántropo huyó. 
Húrin, Túrin y Marach lloraban desesperados la muerte de sus compañeras y de Boron. Húrin entró en la choza y escuchó sollozos. Encontró el pozo y, en el interior, al muchacho.
- Tranquilo, Thorongil; ven conmigo -dijo aguantando las lágrimas.

Y cogiendo al niño en brazos lo abrazó y salieron al exterior.

Norte de las Colinas de los Vientos, Otoño del 2911 T.E.

El licántropo se cernía sobre ellos lanzando una sombra más oscura que la noche. Sus ojos rojizos sonreían y miraba alrededor. El terror atenazó los músculos de dúnedain y elfos.
Fue Kargor quien lanzó su primer ataque, una lanza del astillero de los bandidos, que no hizo mella en la criatura. El licántropo fue atacado por Thorongil y Gildor, y se fue retrasando hasta meterse de nuevo en la torre, para desaparecer entre sus muros. La mirada que lanzó al montaraz fue terrible, y su comentario "¿No te había matado antes?" dejó al dúnadan perplejo.

Kargor había visto dentro de la caseta de la herrería al enano Náin y a un captor que lo amenazaba, pero poco pudo hacer en ese momento: tocaba seguir al monstruo al interior de la torre junto a Gildor, Thorongil y Díndae. El resto, algunos heridos y otros custodiando prisioneros, se quedaron atrás.

La torre era circular, con una escalera ceñida al muro que subía en espiral atravesando cuatro pisos. En uno de los pisos se encontraron con prisioneros. Kargor y Díndae los liberaron. Resultaron ser los Narmosule (marido y mujer), los padres de Ellenhen. También dieron con un hobbit que parecía herido, pero que fingía y atacó con una daga a Díndae. Éste, al defenderse, se vio obligado a dar muerte al mediano, que era un bandido más de Seregring.

Thorongil y Gildor llegaron a la cima de la torre, y chocaron de frente con el licántropo. El combate fue brutal, y el montaraz resultó herido en el hombro izquierdo. Llegaron sus dos compañeros y se unieron al combate. El elfo asestó varios tajos, pero ninguno mortal, que enfurecieron más a la bestia. Kargor también resultó herido en el rostro, pero aguantó mientras Díndae retiraba a Thorongil del combate. Garras, fauces, espadas, flechas, mandobles... el combate se alargó mientras los montaraces y el elfo veían peligrar sus vidas. Thorongil, recordando la daga Alqualosse, cargó con ella sobre su enemigo, apuñalándolo en pleno plexo solar; el monstruo apartó al dúnadan de un manotazo. Kargor, cogiendo su espadón con dos manos cargó sobre Draugor, atravesándolo de parte a parte. El grito agónico de aquel ser erizó los pelos de todos los presentes. Maldiciendo, la criatura se descompuso y se transformó en humo verde, que se dispersó entre la ventisca de nieve que llegaba: el Lobo Enemigo había muerto.