jueves, 18 de abril de 2013

Montaraces del Norte 2x11

Tocaba un tranquilo retiro en Daembar.

Todos se ocuparon con diferentes tareas: Thorongil diseñó una empalizada y comenzó a trabajar en ella; Kargor se ocupó de los niños del poblado, haciendo las veces de maestro. Por su parte Díndae, en su línea, dejó el pueblo y visitó Annúminas, donde halló restos del paso de algún orco perdido. Pero lo que más le llamó la atención fueron huellas de hombres, huellas que entraban y salían de la ciudad.

Al cabo de un mes, cercana la boda del señor Arathorn con Gilraen la Bella, los tres amigos se reunieron y pusieron rumbo a Bree para sorprender a todos con unos barriles de vino y de la mejor cerveza al este de la Comarca. Se encontraron a unos hombres de Bree cerca del puente del Brandivino con dificultades en su carromato, pero no quisieron ayuda y los montaraces siguieron camino.

En el póney pisador no fueron muy bien recibidos (no les alquilaron habitación y la comida que les pusieron era fría... mientras los demás clientes devoraban un estofado con pinta de delicioso). Pero lo que de verdad les sorprendió fue una vocecilla que los saludaba alegremente: ¡Holfut Tuk en persona! Hablaron de la creciente desconfianza de Bree, y el hobbit los invitó a su casa, sobre la colina del pueblo.

Allí pasaron una tarde alegre y despreocupada junto a Holfut y su mujer, Margarita, y su hijo  de 9 años Holfast. Pensaron para sí y se miraron: desde que Beren los había acogido en su casa del Ángulo en Rhudaur, en 2912, ningún amigo los había invitado a su hogar. Rieron y charlaron hasta bien entrada la noche, entre asado, brandy y cafés, y no faltaron tés, galletas, tartaletas o bizcochos. La señora Margarita era una excelente cocinera y su marido un excelente anfitrión.

A la mañana siguiente bajaron hasta la feria de primavera, muy recomendada por Holfut, ya que allí se vendía de todo: fruta, verdura, artesanía, todo tipo de panes, bebidas variadas. Incluso vieron ciertos objetos que les llamaron mucho la atención. Kargor reconoció en un puesto a uno de los que llevaban el carro cerca del Brandivino. En su tienda vendía objetos entre los que reconoció la factura dúnadan. Preguntando de dónde habían sacado aquéllo, el hombre sólo respondió que todo era legal, aunque sus ojos no lo dejaban claro. 

Al reunirse, Díndae comentó que quizás había gente expoliando los lugares ancestrales de los dúnedain (de ahí las huellas en Annúminas). Decidieron volver a Daembar, pero vigilando un par de días a los comerciantes. Al ver que no se movían, retornaron a su poblado. 
La boda de Arathorn con Gilraen fue, sobre todo, hermosa. No había grandes galas, ni muchos invitados. Comenzó al amanecer, y acabó al anochecer, con los desposados jurando fidelidad mirando al Oeste, a la Númenor que era, a la que fue. A la que es.