domingo, 27 de marzo de 2022

Forbidden Lands: Sacrificios

Y se cercenó el brazo izquierdo. El tajo fue brutal y la hemorragia, severa.

Sus compañeros intentaron recuperar su brazo (Ídril podría intentar un milagro) pero el dragón lo tomó entre sus garras. Dráxsalom cumplió su promesa, de algún modo, consiguió unir de nuevo el filo de sílex de la espada.

Con la herida vendada y con palabras duras hacia la criatura, los otros dos ayudaron al elfo a llegar al lugar donde habían acampado la noche anterior. Intentaron estabilizar la herida, pero el elfo no quería ayuda... sólo dormir. Así se hizo: el druida hizo guardia junto al wolfkin, esperando que su compañero no tuviera una infección o muriera durante la noche. Fue al amanecer, cuando intentaron despertar al elfo para cambiarle las vendas, que vieron con asombro cómo un brazo había surgido del hombro completando una extremidad regenerada nueva. Tháendan explicó que los elfos y sus cuerpos estaban más allá de lo orgánico, porque sus espíritus no formaban parte ni del tiempo ni de la materia del mundo, y que el descanso facilitaba que las heridas de sus cuerpos se curaran rápidamente.

Los dos amigos se miraron con cara de "¿y nos lo dice ahora?".

Seguirían su camino al este y, a las pocas millas, encontraron un grupo de casas con empalizada que pertenecían a un wolfkin entrado en años. Éste los acogió con ciertas reticencias al principio. Le faltaba un brazo, y maldecía al dragón por haberlo engañado en su momento. Al parecer era el wolfkin que Ídril había visto en su visión. Era Konrad.

Konrad

El wolfkin debía respetar su propia norma de acoger a viajeros, y cumplió con creces. Compartió con el grupo lo que tenía y permitió que se recuperaran. Éstos incluso ayudaron al wolfkin en su granja de setas y en reparar los edificios. Durante casi una semana casi consiguieron sentirse en casa.

Aprendieron mucho, hablaron mucho y, al tiempo, se prepararon para partir rumbo este de nuevo, hacia Vorsinghall.

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