miércoles, 2 de octubre de 2019

Las 11 mejores campañas de Rol de la Historia.

Me ha encantado la entrada de Psitopía, porque tiene más razón que un santo. Porque, en general, el artículo de Xataca de hace un par de semanas me ha parecido más de lo mismo y bastante pobre, aparte de con errores serios, como decir que Pendragón tiene el sistema BRP de Runequest (que es d100), cuando en realidad tiene el BRP d20; o confundir el sexo de Lynn Willis

Nunca he sido de jugar módulos escritos por otros, y todavía menos de jugar campañas enteras. Las tengo, claro (de Cthulhu casi todo, de MERP La Guerra entre Parientes; de Star Wars El Guardián Oscuro... Tengo varios escenarios de Campaña para fantasía con campañas incorporadas y by Nights de Vampiro con Crónicas a ser jugadas) pero no las he jugado completas nunca. Cojo ideas, pero no me gusta la sensación de constricción que me imprime seguir una campaña al dedillo y por el libro. Prefiero mis aventuras y mis campañas, y ver cómo van surgiendo las cosas sesión a sesión.
Por ello, mis 11 (sin orden ni concierto) serían:

El Hechicero de la Montaña de Fuego (1987)
Que sí, vale, bueno. No es exactamente una campaña de rol... PERO: si el asunto es "personajes que se enfrentan a adversidades programadas por el manual de la campaña", leerles un librojuego a tus amigos y que ellos elijan  y tiren dados por el protagonista no deja de ser como una campaña de rol, ¿no? (ya sé que no, pero dejadme en paz).

La Espada de las Gemas Mágicas (1988)
Basado en El Hechicero de la Montaña de Fuego, fue el primer juego que diseñé. Tenía un tablero hecho con 2 cartulinas A3, con figuritas hechas de cartón, dados d6 y un manual básico escrito a mano en una libreta pequeña de anillas. Los jugadores podían elegir profesiones y tenían los valores de Destreza, Resistencia y Suerte igual que los Lucha-Ficción. 
Los personajes se movían por el mapa buscando 7 gemas para engarzar en una espada y matar una especie de Balrog. Partían de lugares distintos (en plan Imperio Cobra) pero podían reunirse y colaborar para luchar contra los encuentros, o luchar entre ellos, traicionarse, ignorarse... 
Jugamos muchas tardes en el suelo de delante de mi casa (a resguardo de la lluvia), y siempre con epicidad máxima. Después de meses jugando, consiguieron todas las gemas y saltaron al mapa final (subterráneo infernal). Recuerdo los gritos y los abrazos cuando consiguieron acabar con el demonio luchando en equipo. Lo atesoro en mi memoria como uno de esos hitos que todo máster se merece pasar.

La Misión (1989)
Era una especie de Espada de las Gemas, pero avanzado. Aquí ya tenían otras características como Fuerza y Alerta, y había personajes como el Hombre Lobo o el Draconiano (que podía volar). Lo entregué en 7º de EGB como trabajo para la asignatura de Pretecnología, y creo que me puso un 8 de nota (por culpa del manual de reglas, que era un caos). En este el rollo era explorar un bosque donde había un monstruo (el Gowberd) y reunir los trozos de la única arma que podía destruirlo, que era básicamente el glaive de Krull. El monstruo rondaba por el mapa (que tenía coordenadas alfanuméricas) en movimientos ocultos aleatorios, lo que hacía que molara mucho lo de vagar por el bosque. A esta campaña jugamos menos, porque la mortalidad era alta y nunca consiguieron su objetivo, pero estábamos en el buen camino.

Heroquest (1990)
Se lo compró un amigo de entonces y, como era más pequeño y no entendía las reglas, me tocó hacer de máster. Basándonos en el juego en sí, seguimos la historia tal y como la explica, pero hacíamos pequeñas sesiones de charleta con el "Máster" (dando consejos entre misiones) y roleando con el de la tienda (para ver si rebajaba el precio). Sir Ragnar daba abrazos y palmadas en la espalda.

El Señor de los Anillos (1992)
MERP fue un gran cambio. Tenía todo lo necesario, era completísimo. Siempre tenía pregenerados preparados, porque hacer una ficha les llevaba la vida a algunos de mis jugadores. Jugamos durante varios años en campañas intercaladas en el bar de un amigo hasta finales de los '90. En esa época le dimos bastante también en el instituto hasta terminar COU.

Cyberpunk (1996)
Muchas partidas sueltas que, con el tiempo, podemos llamar partidas. Con los años montaron una banda temida en toda Night City. Eran unos verdaderos hampones, peligrosos y despiadados. De esas campañas que dan rienda suelta a lo peor de la mente de chavales adolescentes. 

Vampiro: Edad Oscura (1998)
Tengo un cariño máximo a la Crónica para 3 pjs de Venecia 1575 que narramos entre 1998 y 1999. Partidas de 8-10 horas de una intensidad altísima, con situaciones de roleo máximo rozando el rol en vivo gracias a que dos de las jugadoras no tenían demasiado interés por los sistemas de juego, valorando mucho más la trama. Algo hablé de esta crónica en este post.

Forgotten Realms (2001)
Hacia 2001 logré juntar a 5 amigos y empezar una campaña de AD&D que acabaría siendo 3.5 con el paso de los meses enmarcada en el Valle de Archen. Conté un poco sobre la misma aquí
La verdad, fue una campaña en la que hubo 3 jugadores fijos y hasta otros 4 flotantes. Dio para una trama muy épica y emocionante, y guardo un gran recuerdo de ella.

La Llamada de Cthulhu (2007)
La primera campaña de mi grupo actual, El Club de Té del Jueves Noche, cuyo nombre viene de una organización dentro de la trama. Fue una gran campaña en una Londres de 1925 donde saltábamos con facilidad entre escenas con interludios: los dos más importantes fueron la lectura de un legajo del siglo XVIII y otro la reciente desaparición de un pesquero noruego en aguas del atlántico (debida, claro, a la aparición de una isla surgida de la nada). en ambos casos les di a los jugadores fichas pregeneradas para que vivieran en primera persona esos interludios.

The Riddle of Steel (2009)
Ya con mi grupo actual. Compré el manual en 2005 en el Orcs Nest de Londres. Después de una pequeña campaña a este sistema en un mundo inventado con espadachines, empezamos una campaña de este juego en Tierra Media con todos los personajes siendo Montaraces del Norte. Es una campaña a la que le tenemos mucho cariño, con muchas grandes sesiones con un Aragorn niño que no es sino la promesa de lo que será, mientras los Montaraces mantienen la paz en el norte. 
Años después pasamos el sistema a El Anillo Único.

Star Wars WE d6 (2010)
Gran campaña con momentos epiquísimos justo durante la Purga Jedi. Un padawan a punto de descarriarse huyendo de Vader y un par de cafres pistoleros de gatillo fácil que, montados en la Starbringer, hacían lo que podían para sobrevivir en un momento terrible. Señalo que, en medio de todo ésto, uno de los pjs me dio un momento memorable como máster.

Pues ahí van 11. Podría poner varias de los últimos 10 años (Midnight, Dungeon World, RuneQuest,  el crossover de Tales from the Loop/Mutant: Year Zero, etcétera), pero creo que se entiende lo que quiero expresar: que no hace falta irse a campañas publicadas para saber que lo mejor del mundo es sentarse con tus jugadores y dejar que ellos mismos generen su propia campaña ante tus ojos de máster.


viernes, 26 de julio de 2019

Nostalgia: El Juego de Rol

Compartí recientemente en twitter mis impresiones sobre el paso del tiempo. 

Soy del 1977, por lo que los años '80 me dieron de lleno en la niñez. La adolescencia y la etapa de "joven adulto" la pasé en los '90. 

Cada década tiene algo, al igual que cada etapa en la vida. Decía en el tuit que siempre nos arrepentimos de algo del pasado, sobre todo ya tan remoto. En mi paso de '80 a '90 hubo muchas tardes de juego con mis amigos de entonces. Entre ellas, muchas horas metidos en bares de esos amigos, en la típica mesa del fondo para no molestar, jugando a juegos de mesa y de rol en las eternas tardes de lluvia de Compostela.
Solíamos jugar 3 amigos y yo; de vez en cuando se nos unían otro colega y hasta 3 amigas más. La locura máxima fueron 9 jugadores en una partida de MERP.
Eran partidas geniales, llenas de inocencia, voluntad, ganas... ansia viva. En educación hay un enfoque llamado "educar para el asombro", que viene siendo participar de manera activa en el descubrimiento y la adquisición de conocimientos de forma autónoma por parte del alumnado. Que cuando expliques algo sean partícipes de ello, y puedan asombrarse con el conocimiento.

Aquéllo que jugábamos a finales de los '80 era, por acuñar un término relacionado, "jugar para el asombro". Algo como lo que llaman ahora en PbtA "jugar para descubrir qué pasa". Jugar para descubrir el mundo, qué hacen "los malos", dónde está el tesoro, dónde están las partes restantes del mítico objeto que necesitamos para destruir el Mal, conocer a nuestros Pjs y ver qué los mueve, indigna, alegra, anima... Sesiones enteras explorando mundos ideados que surgían de nuestra mente. Nunca he vuelto a ver unos ojos tan abiertos, unas bocas con un "oooooooh!" siempre asomando de manera tan general como entonces.


Una cosa que sí pesa en mi corazón de rolero es no haber jugado una campaña cuando era niño. Juego desde los 10-11 años, y desde el principio siempre fui máster. Jugué por primera vez como jugador a eso de los 19-20 años. En todos estos años he jugado una campaña a Runequest de unos pocos meses. Y ya.

En mis inicios dirigí como DM varias series de partidas que hoy podríamos llamar campañas, pero no las jugué. Nunca tuve ese pj que subía de nivel, nunca saqué ese crítico salvador en el momento adecuado, nunca sostuve a otro pj moribundo en sus últimos momentos, nunca cabalgué las praderas en busca de venganza, ni porté la Espada de los Vientos ante el ejército de Véndegor.
Siento envidia de aquéllos que pudieron vivir esas sensaciones a esas edades tan tempranas. Dirigiendo sientes otras, ni mejores ni peores: distintas.
Entiendo que la nostalgia es un sentimiento poderoso, y que aquellos recuerdos de niñez jugando a rol no se pueden replicar en nuevas experiencias de juego. Sería como pretender volver a la EGB con los viejos amigos para sentir lo de antaño. No tendría sentido.

Pero deberíamos, eso sí, seguir jugando para el asombro. Dejar que la experiencia de juego nos arrope, nos envuelva, nos arrulle. Abrir mucho los ojos cuando nos describen el majestuso Castillo de Crísanor. Decir "ooooh" cuando el dragón rojo Nárgoth se levanta sobre su montaña de oro y joyas ante nuestro grupo y extiende sus coriáceas alas. Bajar esas barreras que el cinismo diario de la vida adulta nos ha llevado a levantar, y volver a jugar como niños, con ilusión por ver qué pasará, con espíritu heroico (o no) y con voluntad de hacer que nuestro grupo (tras o ante las pantallas) pase la mejor tarde de sus vidas.


Porque no entendemos hasta qué punto estamos inmersos en la afición más asombrosa jamás creada.

sábado, 22 de junio de 2019

El Pj del máster

Desde su origen y hasta hace relativamente poco, los juegos de rol dividían a sus jugadores en dos tipos: 
  1. El Director de Juego, Máster, Guardián de los Arcanos, Árbitro, Narrador... encargado de velar por la coherencia, cohesión e inmersión en la historia, así como de representar a los "personajes no jugadores". Facilitador de la acción.
  2. El jugador o jugadores que llevan "personajes jugadores", normalmente a razón de un Pj por jugador. Agentes y actores de la acción.
Ésto, claro está, grosso modo y hablando hoy por hoy en Alto Rolerés. Los hablantes de Neorrolerés usarían expresiones como GM-Less, GM-Full y otras todavía tan o más hermosas como narración compartida. Porque los juegos evolucionan, cambian y se adaptan... pero cualquiera puede coger cualquier edición de cualquier juego y jugarla a su gusto.

Pero centrémonos en los arcaísmos del Alto Rolerés: máster y jugador.

Hace bastantes años un rolero me comentó que, cuando jugaba con su grupo como Máster, él tenía su personaje propio. Que hacía cosas y tenía sus turnos. Y tiraba para ver si le salían las cosas que hacía.  Y acechaba. Y persuadía a pnjs. Y mataba gente. Y monstruos. Y pugnaba por el tesoro con el resto de los jugadores (esta espada pa mí, esta varita pa ti). Y, por todo ello, acumulaba experiencia (hablamos de AD&D). Y, por lo tanto, también subía de nivel.
A mí me sorprendía a cada frase que me decía, y no le veía el sentido. Era como si el árbitro de un partido de fútbol pudiera también marcar goles. Y, si le quitas el balón, sacarte tarjeta. Porque el que arbitra, no quepa duda, es él.

Recuerdo que me dijo que, en caso de que su pj y otro discutieran por algo (la dirección en la que ir, por ejemplo) tiraban dados para discutir. Y, de ser el caso, se daba bonos a sí mismo porque claro, él sabía por dónde tenía que ir la trama. Como si guiara cabras, más o menos. Pero con un pj en el grupo. Armado con un palo de bonificadores anti jugador.

Llegó un punto que me pareció indignante y le tuve que preguntar si hablaba en serio. "¡Claro, si lo hace un montón de gente!". Pasé de la indignación al terror. Yo siempre he sido de jugar mucho, pero con poca gente y siempre yo de máster; es decir, siempre he tenido mis grupos y alguna vez me pasaba por encuentros de rol a dirigir o, más escasamente, a jugar. Cuando me dijo que era algo muy común pasé rápidamente a preguntar a otros másters que conocía. Y, menos mal, recibí ojos como platos y risas incómodas. "¿Quién dice que hace éso?" me preguntaron. Nos parecía como de otro mundo.

Y vi que debía de ser una dinámica menos común de lo que ese rolero se pensaba.

Y me alegro. Recuerdo una frase de la estupenda serie Band of Brothers. Antes del despliegue en Normandía, en el episodio 1, se presenta el personaje de Buck Compton. Winters le dice que no ve con buenos ojos que confraternice tanto con la tropa, y mucho menos que juegue y apueste con ellos: "¿Y si ganas? Jamás te coloques en la tesitura de tener que cobrarles algo", le dice. Se trata de un teniente apostando contra soldados rasos. De ahí la bronca.
Para mí esta frase representa el motivo más lícito para estar totalmente en contra de la idea del "pj del máster", y respalda mi decisión personal de no jugar con alguien que use ese método.

Porque en los juegos con máster debe quedar marcada la línea de "ellos" y "tú". Cada uno tiene sus funciones, cada uno tiene unas responsabilidades. Las de un máster son dar la última palabra a TODO lo que pase. Y puedes ceder carga narrativa por medio o no de reglas (puntos FATE, por ejemplo); y puede haber momentos en que tus PNJs tengan más o menos presencia en la trama. Pero lo que nunca debería pasar es que tu "Pj de máster" les diga dónde deben ir, con quién debe estar o qué deben hacer... y qué deben ceder. Qué deben cederte a ti.

Porque también pasará que en la tumba del Rey Perdido haya una espada vorpalina +6 y que decidas que tu "Pj del máster" es el mejor guerrero, y esa espada que has puesto TÚ ahí por medio de la aventura te la acabes quedando TÚ. Y porque pasará que le dirás a un jugador "oye, apártate y déjame matar a este último bicho que así subo de nivel con mi Pj del máster". Porque pasará que los jugadores quieran ir en dirección contraria y tu Pj del máster tire sus dados y les obligue a ir por donde quieras TÚ.

Y eso no es justo.

Si lo que quieres es participar en el grupo de manera más activa, el que debe ceder eres tú. Tu puesto de máster a ser posible. Hazte un pj y pasa al otro lado de la pantalla, o juega a juegos GM-less/full. Pero no abuses de tu posición.

Posición que algunos respetamos y mantenemos desde el orgullo y la honestidad.

Mi opinión, ojo.