martes, 28 de julio de 2015

Algo está podrido #2: Implicación y Ejecución

El Barrio Viejo, cerca de los Muelles, era un sitio a evitar. El coche de Chuck, un Chevy Malibú cupé del '70, aparcó a unas calles de la dirección que MacAllan les había dado. 



Chuck se quitó las camperas y se puso unas deportivas oscuras, un gorro de lana negro y cogió un viejo pañuelo negro para taparse el rostro cuando iba en moto. Tenía un dibujo blanco estampado, una mandíbula de esqueleto. Era demasiado macarra, por eso no la ponía nunca. Pero hoy sí. 

Kuro se quedó en el coche, esperando; Chuck se acercó al inmueble, un destartalado edificio de ladrillo abandonado. Abandonado pero con una cámara de seguridad apuntando a la puerta. El joven se coló por una ventana lateral fuera del alcance de mirones, en un edificio que, por dentro, no parecía tan abandonado. Subió un par de pisos buscando voces, sonidos que llegaban de detrás de una de las puertas de apartamentos. No sonaba a inglés. Pegó la oreja y oyó a una niña lloriquear. 


No se lo pensó: llamó a la puerta y dio tres pasos atrás, saliendo del ángulo de visión de la mirilla.  Se ajustó el pañuelo para no ser reconocido. Tan pronto como oyó el cerrojo cogió carrerilla y se lanzó con una potente patada voladora que arrancó la puerta de las bisagras y aplastó a quien estuviera al otro lado. Cuando se levantó tuvo que esquivar los golpes de otro hombre, al que lanzó por el aire con un par de llaves. Otro, más grande y aparentemente más peligroso, duró un poco más, pero acabó también por el suelo. En una silla, ataca con cinta aislante, una niña de no más de 10 u 11 años. Rubia y pecosa, ojos claros, pero al mismo tiempo sumidos en una profunda oscuridad, tal vez eterna... La desató y casi se la cargó a la espalda, ya que adivinó la figura de un hombre armado con una pistola. Consiguió esquivar varias balas, y saltar por la ventana lateral del recibidor. Corriendo como locos llegaron al coche, y Kuro aceleró a tope.

La niña estaba en shock, pero consiguieron calamarla con el paso de los minutos. La habían salvado pero, ¿y ahora qué? No era un cómic de Batman donde se acababa la viñeta con un "Fin" y ya... ¿A dónde ir? Se miraron y solo se les ocurrió un lugar... Su antiguo orfanato, San Judas. 

Algo está podrido #1: Reflexión y Encuentro

Aquella chavala no tenía ni quince años y estaba en pleno coma etílico. Disfrazada de diablesa sexy, y menor de edad. Aquellos malditos años '80 acabarían con todo el puto país. 

Chuck la cogió del suelo, y uno de los otros seguratas de la discoteca había llamado ya a urgencias. En breve se encontró fuera de un box del Central, con los médicos luchando por la vida de la cría.

Chuck se miró las manos, impregnadas de olor a vómito. No era la primera ni sería la última. No de todos los tiempos, ni de esta semana. Esas niñas. No hablaban ni papa de inglés, y siempre acompañaban a gordos sebosos cabrones con fajos de billetes tan grandes como su culo. En la disco tenían orden de dejarlos pasar. De no mirar demasiado. De no hacer preguntas. Pero algo siempre hacía que los engranajes de la mente de Chuck se atascasen y chirriasen. Siempre.
En este caso la niña se había pasado y el gordo se había esfumado. Pobre cría.

No era su familia. Ni su amigo. Joder, no sabía ni su puto nombre. Pero allí estaba, rellenando los datos de la paciente Jane Doe #345 de aquel año. Y aquel tipo, el médico de urgencias que la había salvado... ¿No era Kuro, el chico vietnamita con el que había coincidido en el orfanato de San Judas? Tiene tela lo rápido que pasa el tiempo y lo rápido que vuelven los recuerdos.

Kuro tenía manos de artesano. La muchacha sobreviviría. Kuro y Chuck, vaya pareja hacían. Podrían contar historias; pocas, porque el trato había sido breve, pero con un par de episodios muy memorables. Que sí, que estoy pensando en ese. Ya sabéis: la paliza a los hermanos Smith. Dos contra cinco. Los cinco peores hijos de puta de todo el orfanato. Broncas diarias, robo de comida a los críos pequeños, palizas en grupo. Siempre en grupo. Pero aquel día se la devolvieron, maldita sea.

...

Se tomaron un café recién hecho en una furgoneta en el exterior de Urgencias que también vendía bollería y perritos variados. Y charlaron de los viejos tiempos. Y de lo oscuros que se estaban poniendo los nuevos. El ruido del frenazo los trajo de vuelta al mundo: una limusina delante del porche de Urgencias dejó caer a otra. Otra niña. Disfrazada. Y aceleró a fondo.

La vieron esquivar a unos y otros, con tanta fortuna que el camino por el que salió estaba prohibido, y el agente de seguridad había levantado los clavos curvos que permitían entrar, pero no salir: los neumáticos estallaron al unísono, pero la limusina siguió avanzando unas decenas de metros. Kuro corrió a ayudar a la niña... Chuck fue a por la limusina.

Vio salir a alguien corriendo y perderse en el interior del Barrio Viejo, entre el complejo hospitalario y los Muelles. En estrechas y oscuras callejuelas fue donde lo agarró. Lo pateó. Lo machacó a puñetazos y, cuando estuvo blandito, empezó a preguntar. Y el chófer contestó. Habló de un tal Karl, su cliente de esa noche. Había ido al club con dos niñas. Al parecer había una red de contactos de chicas rusas, había unas tarjetas de visita con un símbolo parecido a una "V" que ponía "Soluciones en Compañía" con un número de teléfono.

Stephen MacAllan, un patrullero amigo de Chuck apareció en el hospital para la denuncia y todo eso. Y hablaron un buen rato. En la guía inversa de comisaría ponía que el número correspondía a un edificio del Barrio Viejo. Kuro y Chuck se miraron. Algo estaba podrido con todo aquello, y ellos había llegado al punto de No Retorno.


lunes, 25 de mayo de 2015

Dudas políticas.

Estaba yo pensando... y esto de la política ¿cómo nos afecta?

Ha habido unas elecciones muy fastidiadas que podrían marcar un cambio, una salida del Valle de Tinieblas en el que la derecha radical nos ha hundido. En mi ciudad, por ejemplo, podría haber un cambio bastante gordo. Como en muchas otras ciudades.

Yo a lo que me refiero es: ¿cómo nos afecta, o nos afectará, o nos ha afectado como súbditos de lo que yo llamo Frikitistán? Porque ser frikitistaní te marca mucho. Llegas al polideportivo y dices "quiero alquilar la pista para un partido de fútbol-sala" y listo. Pero si la petición es "la vamos a usar para jugar a jugger" y te ven entrar con las espadas, o "necesitamos el local social para una partida de Vampiro" y luego aparecen 20 jóvenes y jóvenas vestidos o de macarras o de góticos, pues igual os echan del pueblo.
"Hola, buenas. Somos lo que han reservado el centro sociocultural"

El hecho de que hubiera un gobierno a favor de la Lingua Galega en 2007 favoreció que pudiéramos publicar el primer juego de rol en gallego. Quizás si hubiera gobernado la derecha en ese momento no lo hubiéramos podido publicar, debido a que no habrían dado la subvención (muchos libros y editoriales en galego dependen de ellas).

¿Os habéis visto en algo así? ¿Que el simple hecho de que al alcalde de turno le parezcas un joven dinámico o un friki pirado te pueda privar de hacer unas jornadas de rol en el polideportivo municipal?

Ya ni me quiero imaginar la gente de editoriales, el cambio que pueden sufrir a nivel impuestos y ventajas de un gobierno a otro. O lo del crowdfunding, que el gobierno actual quería "regular" a su manera.

Caso de protagonismo: en lugar de soltar una chorrada adecuada o, mejor, estarse callado, el alcalde de Santiago soltó una serie de gilipolleces incoherentes durante la revista de la tropa Korriban de 2013. Sólo le faltó decir "mi favorito es Spock".
Pues eso: que espero que, si os afecta, sea en positivo.