miércoles, 20 de marzo de 2013

El vuelo del Draco

Y, por cuarta vez ya, la asociación juvenil Draco lanza sus Xornadas Gygax.
En Coruña, en el Espazo de Iniciativas Xuvenís.

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Siempre se agradecen este tipo de iniciativas... ¡Este año a ver si puedo acercarme!

domingo, 10 de marzo de 2013

Montaraces del Norte 2x10

Sorbieron un trago de miruvor para recobrarse, y Díndae volvió a la cueva de los trolls para usarla como refugio temporal. No halló nada que indicara que había más trolls, así que ayudó a sus amigos a meterse allí y ponerse a cubierto.
Mientras Thorongil, Kargor y Holfut se recuperaban, Díndae avanzó por la cueva, encontrando unos cofres y bolsas con un pequeño tesoro... no percibió maldad en él, así que lo reunió y se lo llevó a sus compañeros.
Informó también que la cueva avanzaba millas y millas en dirección noreste. Casi parecía que podría pasar bajo las montañas hasta el otro lado: hacia Gundabad, tal vez.

Esa noche le tocó al explorador hacer toda la guardia, para dejar que sus amigos descansaran. No fue hasta muy pasada la medianoche que escuchó ruidos extraños fuera de la cueva. Al salir a inspeccionar vio a un lobo huargo hacia el norte. Apuntó y consiguió derribarlo antes de que huyera a informar... con el rabillo del ojo le pareció percibir que otro lobo se escabullía fuera de alcance.

A la mañana siguiente les explicó lo ocurrido a los otros tres, y partieron sin demora. Pensaron una ruta rápida hacia Nothva Raghlaw, y llegaron al cabo de unas dos semanas. Allí fueron recibidos con gran alegría, ya que no se sabía nada de ellos desde hacía casi un mes. Ellenhen abrazó con fuerza a su esposo: los dos se amaban entrañablemente.
Arathorn y Gandalf hablaron con ellos en privado de todas sus aventuras, y veían ahora a un Arathorn más resuelto, más líder: con las cosas más claras. Al parecer Gandalf había sido un buen consejero durante estos días.
Habían convencido a los refugiados en Raghlaw de volver a Daembar: la idea de quedarse en Rhudaur era una locura, era un puesto demasiado avanzado y lejos de las zonas de suministro como Bree o Sarn. Las mujeres y ancianos estaban deacuerdo, gracias también a las convincentes razones de Gandalf, que era respetado por todos y sabían que era gran amigo de Arador, como lo había sido de Argonui.

Así, los tres montaraces guiaron al grupo rumbo oeste por el Camino del Este, hacia Daembar, hacia el Hogar Oculto. Acabó así la aventura de retomar Rhudaur. No era ni el momento ni el modo.


Pero algo remordía a Thorongil... ¿qué era lo que había pasado con Arathorn? ¿Por qué aquel cambio? Fue la estrecha relación entre Ellenhen y Gilraen la que poco a poco le abrió los ojos. El corazón de un hombre es algo frágil, más en manos de una noble mujer... pronto se supo que Arathorn volvería para hablar con Dírhael y pedirle la mano de su hija, Gilraen la Bella.

El verano del 2929 de la Tercera Edad estaba en su apogeo.

Montaraces del Norte 2x09

El jinete se alejó a galope tendido, dejando a los tres montaraces con el miedo en la espalda. Sólo Kargor se atrevió a levantar la espada y retar al oscuro con gritos en sindarín.

Registraron a los orcos y a Belegost: algunas monedas, armas y una pipa. La pipa le llamó mucho la atención a Kargor: aquella factura no era dúnadan ni, obviamente, orca. Le recordaba a pipas que había visto en Bree o La Comarca... Atando cabos dedujeron que, tal vez, Holfut Tuk estaba de por medio; en qué medida y bando, no lo podían saber. Decidieron no regresar todavía: Díndae rastrearía el lugar.

Efectivamente, el hobbit había andado por la zona, y Belegost y su escolta lo habían traído desde el norte. Pero unas huellas enormes y recientes lo llevaron al este, hacia las montañas. Se miraron unos a otros y, sin necesidad de decir nada, recogieron sus cosas y echaron a correr al este.

Un par de días después llegaron a un pequeño y oculto valle en las estribaciones de las montañas, justo donde las Hithaeglir se unen a los montes al sur de Angmar. Aquella era una tierra muy peligrosa, poblada por trolls de montaña y cosas peores, o eso se contaba.

Las huellas llegaban a un grupo de cuevas que daban a un riachuelo al fondo del valle. Allí, camuflados y extremando el sigilo, vieron a Holfut dentro de una jaula pajarera en la entrada de una cueva, con un inmenso troll, más grande de los que jamás habían visto, hablando con él. "Tú tonto, si no comes no te podremos comer... pequeñajo tonto, ¡debes ser bueno!". El pobre hobbit daba largas sobre la poca idoneidad del alimento (teniendo en cuenta que se lo daban trolls no era como para acusarlo de ser un gourmet, precisamente). 

Trazaron el plan y fueron a por él. Kargor salió a pecho descubierto y, aunque al ver al troll tragó saliva, no se arredró. Increpó al troll y provocó que saliera fuera, lo que permitió a Thorongil colarse en la cueva y soltar al hobbit.
El troll cargó contra Kargor, pero el arco de Díndae cantó, hiriendo a la criatura. Lo golpes se sucedieron, pero el troll era casi invulnerable a ellos, tan dura era su piel. Kargor temió por su vida en varios momentos. La lanza de Thorongil entró en escena y, entre los tres, consiguieron reducir al troll no sin un esfuerzo agotador.

Tomaron al hobbit y corrieron valle arriba cuando oyeron a otro troll que salía de la cueva. No podían más, así que lo les quedó otra que plantar cara. Se sabían superados, pero Kargor y Thorongil descargaron flechas, lanza y luego cargaron de frente. El arco de Díndae no paraba de disparar e incluso Holfut improvisó una honda y comenzó a tirar piedras.

Hay historias que pasan a la leyenda, que se acaban contando de padres a hijos alrededor del fuego. Aquélla seguramente no lo sería, ya que todo terminó con un troll muerto, con dos montaraces casi inconscientes tirados sobre el cadáver, otro desesperado aguardando al siguiente troll, que no aparecía, y a un hobbit asombrado con los ojos como platos.