domingo, 14 de noviembre de 2021

Forbidden Lands: La cripta roja

El descanso por la garganta de la calavera tenía forma de pasillo escalonado no muy amplio, frío y de sillares encajados con destreza. "Enanos", sentenció Ídril. Siguieron bajando las amplias escaleras bajo la luz de la antorcha del guerrero elfo.

Al llegar a liso, Tháendan iluminó hacia arriba: un arco de piedra de hermosas dovelas curvas mostraba una clave con una talla de líneas simples del rostro de un enano.


La puerta que cerraba el arco estaba podrida y hecha trizas por el suelo, y la luz iluminó la sala contigua. Entraron por uno de los lados cortos de un espacio en forma de rectángulo con seis columnas uniformes en forma de enano hierático, con doce pequeñas cúpulas decoradas con frescos desgastados en el techo. En ambos lados largos había una salida, eligiendo en este caso la de la izquierda. Otro lado corto de otro rectángulo (éste más amplio) mostraba un cuerpo tendido en el suelo y un gran tapiz al fondo. El cadáver era de un orco que, tendido sobre su pecho, tenía unas fuertes erupciones cutáneas en las manos... Ídril intuyó un veneno: prefirieron no tocar el tapiz, pero no dejaron de observarlo. En él un grupo de enanos atacaba algún lugar del norte (picos helados) en el cual se veía una zona verde arbolada sin nieve entre montañas con niebla o vapor. En ese lugar había una criatura gigante con un arpón, flecha o jabalina clavada en un hombro. Uno de los enanos llevaba una espada de sílex muy similar a la espada rota que Tháendan había encontrado entre los restos del enano Jornen Brazofuerte en Tyr Melián... pero en aquellos hilos la espada estaba completa.

Un pasillo a la izquierda les llevó a una sala cerrada que emanaba magia. En su interior había un cofre pequeño, rodeado de cadáveres de orcos y goblins. Ídril lanzó un poderoso hechizo de contramagia, haciendo que la trampa del cofre, que percibió como una gran onda mágica que mataría al que manipulara el artefacto (como a los desdichados visitantes previos). En el cofre, una llave de plata.

Siguiendo el pasillo llegaron a una sala donde había dos salidas: una reja cerrando un arco y una boca humanoide con los dientes de piedra cerrados; comprobaron que la llave de plata abría los mecanismos de ambas salidas. Decidieron probar por la enrejada y dejar la boca para otro momento.

Al otro lado había un sencillo sarcófago de mármol sobre el suelo de piedra. La antorcha mostró runas en la lápida: hablaba de Ilnius, miembro de los Cuervos de Plata. Se trataba, sin duda, de uno de los tres enanos compañeros de Tyr Melián.

Tháendan empujó la tapa, y el cuerpo momificado de un enano apareció. Su desgastada armadura todavía lucía, y sujetaba un lienzo alargado y grisáceo. El elfo intuyó su interior y lo intentó rescatar de las manos del enano... para ver cómo el espíritu atormentado del enano aparecía en la oscuridad y atacaba al grupo. Ilnius el enano se lanzó sobre el elfo con fiereza. La Espada Rota hacía cierta mella en el fantasma, y las palabras poderosas del druida más mella todavía. Las mundanas flechas del wolfkin, sin embargo, eran inútiles.

Acabarían derrotando, purgando y dando paz al espíritu del malpocado enano. Tháendan, desenrollando el lienzo, tomó en su mano el filo de sílex que antaño formaba parte de su espada. Intentó unirlos en vano. Cansados y heridos, decidieron descansar un rato fuera de esa sala y valorar sus opciones.


Forbidden Lands: Colinas Rojas

La intemperie en las Llanuras del Dolor no son para cualquiera.

En la travesía encontrarían restos del viejo Camino del Patíbulo, que cortaba Llanuras del Dolor de sur a norte; de piedras que encajaban a la perfección gracias a las artes de ingeniería de civilizaciones antiguas. El borde del Camino marcaba cada tanto con piedras la ruta: la misma piedra tenía en relieve una ciudadela si caminabas al norte y un barco entre olas si lo hacías al sur. Entendieron que la ciudadela era esa fortaleza de la que les hablaron en varios lugares ("La Ciudadela") en la cual guardias elfos con armaduras como la que ahora llevaba Tháendan custodiaban un Mal que no debía ser liberado de esos muros. De la ruta al sur, con ese barco, no tenían ni idea. 

Pasaron un buen rato buscando dónde refugiarse y forrajeando, pero hacía un par de horas que habían entrado en Colinas Rojas, un lugar supuestamente maldito y extremadamente peligroso. Nada crecía, salvo unas plantas espinosas. El agua, rojiza, parecía venenosa y olía muy fuerte. La tierra era, efectivamente, roja, y los pequeños riachuelos, que parecían imitar hemorragias, plagaban el lugar hasta donde llegaba la vista.

En su vagar se encontraron con una pequeña banda de orcos y goblins. Iban armados y preparados para las caminatas. Midiéndose entre ellos, y con un "buenas tardes, amigos" (lo de 'amigos' se convirtió en un fin de frase común para los dos grupos) hablaron durante un buen rato. Eran de los Huesos Huecos, un clan que aglutinaba varias tribus. Al parecer tenían un líder tribal y varios grupos patrullaban las Llanuras del Dolor matando amenazas y cobrando tributos. Cuando sacaron el tema de las aldeas humanas dijeron que Harick mentía, que era un asesino de goblins y que cometía atrocidades. La tensión subió hasta que lograron calmar los ánimos y cada grupo, con palabras amables, continuó su camino.

Colinas Rojas
A la caída de la noche no habían encontrado un buen lugar de descanso, y mucho menos provisiones extra... y la Niebla de Sangre se acercaba. En ella escucharon los aullidos impíos de los Wargos de la Noche. Esa misma noche fueron atacados por ellos sin haber podido descansar. Los wargos hostigaron al grupo hasta debilitarlo, y éste debió retirarse hasta una colina pelada en la que había una serie de salientes y una entrada de aspecto extraño.
Gracias a las antorchas acabaron comprendiendo que se trataba de una roca trabajada en forma de gran calavera. Entre los wargos que atacaban y esa ominosa entrada, eligieron lo segundo. Los tres compañeros se adentraron en la oscuridad.
La Entrada

sábado, 13 de noviembre de 2021

Forbidden Lands: Comunidades

El camino de vuelta a Tyr Melián era cada vez más trillado: se transformó casi en un paseo. Descansaron allí un par de días con Evell y Adulf ocupándose de todo. Se dedicaron básicamente a cazar y buscar hierbas. La torre empezaba a tener un toque acogedor y hogareño, gracias a sus habitantes.

El plan era partir pronto, y así visitar el norte y el este de los territorios, el lugar llamado Llanuras del Dolor. Avanzaron durante todo un día adentrándose en un terreno que mezclaba taiga y tundra, con las Fauces de Frío como un eterno muro al norte de este a oeste.

Las nada halagüeñas vistas al norte

Al anochecer llegaron a una zona con tres o cuatro edificaciones cercanas, obviamente una estructura para una o dos familias. Desde unos matorrales escucharon gritos y ruido de combate. Se acercaron tomando precauciones, y acabaron combatiendo contra dos ogros que les resultaron familiares. 

La aldea de Harick y familia

Una familia estaba aterrorizada dentro de una de las casas, con los ogros exigiéndoles comida o alcohol (no quedó claro). Mataron al cabeza de familia a golpes, pero Kurt y Tháendan llegaron a tiempo con arco y espada para frenar el resto de la masacre. Los dos estúpidos ogros eran los mismos a los que habían dejado irse de Tyr Melián días atrás.

Cogiendo al cabeza de familia (Harick) y tumbándolo sobre una mesa de la casa, Ídril rogó a Cuervo una nueva oportunidad para ese hombre: el druida hizo que su cuerpo resucitara ante la mirada atónita de todo el mundo. Harick llevaba un colgante de madera tallado con el símbolo de Cuervo, que fue lo que usó Ídril para traer su alma de vuelta desde el Velo.

Pasaron una noche con la agradecida comunidad, compuesta por unos 15 miembros desde abuelos a nietos. Hablaron durante la comida y la cena, y parte de la guardia de noche (donde escucharon a algún tipo de ser arañar las puertas y paredes de madera del edificio-casa principal) sobre cuentos y leyendas de las cercanías. Sabían que había más pequeñas aldeas con las que comerciaban cuando mejoraba el clima, tanto con hortalizas como con gusuks (unos extraños reptiles bípedos). 

Los gusuks

Los gusuks eran el principal medio de transporte y carga en estas latitudes, además de alimento gracias a sus huevos y, en ocasiones, a su carne. 

Ídril rechazaría un regalo en forma de gusuks de carga para el grupo, pero agradeció conocer lugares como Vorsinghall (una peligrosa comunidad multirracial al extremo este de las Llanuras del Dolor) así como la presencia de clanes orcos y goblin que hostigaban y saqueaban toda la zona. Harick les previno sobre su peligrosidad.

Al despuntar el alba siguiente el grupo puso rumbo este, sureste: buscaban las Colinas Rojas.